Iniciación

Cristina tenía una relación de casi tres años con Adán. Estaba muy angustiada porque quería darle una gran sorpresa de aniversario pero aún no sabía exactamente qué. Tendría que ser algo sexual, por supuesto. Disfrutaba mucho el sexo con Adán, sin embargo en los últimos meses los encuentro sexuales se volvieron escasos y poco pasionales entre ellos. Por eso decidió ir a su departamento a escondidas para sorprenderlo desnuda y a su total disposición.

La chica no contaba con que esa tarde, Adán pasaría al bar con sus amigos y llegaría muy tarde. Pasó mucho rato tumbada en la cama esperando y casi se quedó dormida, entonces ahí tirada entre las sábanas de su amor, comenzó a excitarse. Su cuerpo desnudo recordó las veces que fue poseído en aquel lugar. Cristina percibía el olor de su amante y eso la encendía más. Quería tocarse pero necesitaba algo más para masturbarse.

-Seguro tiene alguna revista pornográfica por aquí – pensó y revisó bajo la cama.

Efectivamente, encontró varias revistas bajo la cama y se exaltó por lo que vio. No era exactamente pornografía, sino imágenes de chicas muy sensuales vestidas de látex y conjuntos muy sexys golpeando hombres. La calentura se le bajó como si le hubieran echado un balde de agua fría.

Cristina revisó si había más material como ese debajo de la cama y además de esas revistas, encontró esposas y una pala de madera que no quiso investigar exactamente para que la usaba. Se levantó para vestirse a una velocidad impresionante y se retiró del lugar casi corriendo. Cuando llegó a su casa se volvió a tumbar en la cama casi llorando. Se sentía traicionada porque Adán nunca le había comentado que tenía ese tipo de gustos. Su cabeza comenzó a dar vueltas y a cuestionarse muchas cosas.

-¿Desde que lo conozco le gustará eso? ¿Habrá conocido a alguien en los últimos meses con quien haya probado eso? Quizá por eso estaba tan distante- pensó.

Entre dudas y lágrimas, Cristina se quedó profundamente dormida. Al día siguiente la despertó una llamada de Adán. Decidió no contestar y pasar el fin de semana encerrada en su casa. Por dos días estuvo analizando su situación ¿en verdad era tan malo que a su novio le gustaran esas imágenes? Cristina imaginaba a su pobre novio atado, recibiendo golpes y disfrutándolo. Pasó por su mente la idea de terminar su relación y de un momento a otro un destello inundó su cabeza.

Cristina amaba a Adán, no podía separarse de él y tampoco permitiría que su pareja buscara lo que no encontraba en ella. Irresistiblemente, Cristina tomó su laptop y comenzó a buscar más información sobre las imágenes que había visto. Encontró más fotografías, vídeos, foros y mucha información. Pasó toda la noche en vela revisando sitios hasta que una sonrisa se le dibujó en el rostro.

El resto de la semana se la pasó evitando a Adán, haciendo compras y revisando sitios de internet. Hasta que llegó el viernes. Salió temprano de su trabajo mandándole mensajes melosos a su novio. Le pedía a Adán una disculpa por la distancia que aseguraba era por culpa del trabajo. Lo convenció de que se vieran el sábado para pasar todo el día juntos a lo que Adán aceptó. Cristina pasó a su casa por una bolsa y se dirigió enseguida al departamento de Adán y esperó hasta que éste llegara.

Adán salió de la oficina y seguía mensajeándose con Cristina. Subió las escaleras de su edificio y abrió la puerta de su departamento. Se asustó al encontrar todas sus cortinas cerradas. Sólo la luz de la cocina del fondo iluminaba la sala del lugar. Un sillón en el centro dibujaba la sombra de una figura que se encontraba sobre él.

-Cierra la puerta, mi amor- dijo Cristina.
-¿Cristina, eres tú? ¿qué es todo esto?-

Adán estaba confundido. Sentía que una corriente eléctrica le pasaba por el cuello. Cristina se levantó y le volvió a ordenar que cerrara la puerta. Al reconocer a su novia, Adán cerró e intentó acercarse a la mujer y entonces descubrió su atuendo. Llevaba puesto un vestido negro de vinil muy justo. Jamás la había visto tan sensual. Sus piernas iban enfundadas en medias de rejilla y unos zapatos negros de tacón. El cabello de Cristina lucía más lacio que de costumbre y sus labios brillaban por el labial rojo que decidió usar acertadamente.

Adán tuvo una erección de sólo ver a su novia. Cristina lucía un semblante muy sensual y serio. Sus brazos se ocultaban por atrás de su espalda.

-Siéntate- le ordenó a Adán
-Pero mi amor, ¿de qué se trata todo esto?-
Cristina lo miró fijamente y en un firme movimiento mostró lo que llevaba detrás de la espalda. Blandió un látigo pequeño que azotó en el aire con gesto amenazador
-¡Que te sientes!-

Adán soltó al instante su portafolios y volvió a sentir una pulsación en la entrepierna. Su mente se nubló. No podía creer lo que estaba sucediendo, sin embargo lo estaba disfrutando y la noche, apenas comenzaba.

Cristina se aproximó a él.

-Eres mi esclavo a partir de este momento y harás exactamente lo que yo te diga. No podrás hablar hasta que yo te lo pida, ¿correcto?-

Adán asintió con la cabeza y Cristina lo tomó fuerte del cabello, lamió sus labios y le agachó la cabeza. Le pidió que se levantara y ahora tomó asiento ella.
-¿Te gustan mis zapatillas?
-Mucho-
-Lámelas-

Adán se aproximó a los zapatos de Cristina y comenzó a lamerlos. Cristina se encontraba sorprendida pero trataba de no demostrarlo. No podía cambiar su semblante ni doblegarse. Quería cumplir la fantasía de su hombre y por alguna extraña razón también disfrutaba de tenerlo a sus pies.

Cristina sostenía en su mano el pequeño látigo y mientras Adán degustaba sus zapatos, acarició su espalda con su juguete. Lo había visto en varios videos, entonces apartó a su esclavo de los pies y lo comenzó a azotar. Pensó que no soportaría ver esa escena, sin embargo continúo. Adán se agachó para recibir con total entrega los golpes de su nueva Ama.

-Quítate la camisa- ordenó Cristina.

Adán se incorporó de rodillas para cumplir la petición. Cristina se puso de pie y fue a buscar a la mesa un nuevo juguete. Le pidió a su esclavo que se pusiera de pie y le tomó las muñecas por la espalda para esposarlas. Continuó azotándolo por la espalda y después le vendó los ojos.

-A partir de hoy, harás todo lo que te pida- le susurró Cristina al oído

Comenzó a acariciar el pecho desnudo de Adán y de pronto le encajó sus uñas llenándolo de profundos rasguños. Adán lanzó una serie de gemidos que excitó al instante a Cristina. Ésta pudo ver de reojo la erección de su esclavo y estuvo a punto de abandonar su posición de dominante y caer a sus rodillas para aliviar su sufrimiento con la boca, pero se mantuvo.

Cristina lamió las heridas del pecho de Adán con su lengua. Él volvió a estremecerse al contacto y su Ama lo castigó con un puntapié en la entrepierna, volvió a acariciar su pecho y le dio la espalda. Cristina comenzó una danza de caderas restregándole sus nalgas sobre el pantalón. Adán seguía en su trance de goce-dolor y Cristina disfrutaba de las nuevas sensaciones que estaba experimentando y envuelta de placer volvió a sentarse pero esta vez abrió totalmente las piernas.

-Ven, quiero que vuelvas a usar tu lengua- ordenó.

Adán se puso de rodillas casi a punto de caer y su domadora soltó una carcajada.
-Eres un imbécil- y lo abofeteó.

La expresión de Adán le pareció sumamente sensual y le volvió a propinar otro golpe en el rostro y esta vez lo besó mordiéndole fuerte los labios. Entonces se volvió al sillón, subió su falda y comenzó a tocarse sobre las bragas.

Cristina continuaba tocándose y Adán podía escuchar el sonido de su humedad, sólo así pudo entrar entre sus piernas. Cristina hizo de lado sus bragas para que su esclavo la pudiera complacer. Adán usaba su lengua hábilmente, disfrutaba de complacerla. Cristina se retorcía en aquel sofá y continuó clavando sus uñas en Adán.

La domadora inundó la boca de Adán quién ya no podía contener la erección de su pantalón. Cristina se reincorporó momentos después y pudo sentir la humedad que emanaba del pantalón de su esclavo. Continuó torturándolo con los zapatos. Entonces volvió a tomar el látigo y lo golpeó en el pecho.

Cristina se levantó y fue a buscar la pala que encontró bajo la cama de su novio. Adán sólo escuchaba los pasos y no sabía a lo que se enfrentaría. Su Ama tomó asiento le quitó las esposas y le pidió que se quitara el pantalón y los zapatos. El bóxer de Adán continuaba abultado y húmedo. Cristina acomodó boca abajo a su esclavo sobre las piernas, le bajó la ropa interior y comenzó a golpearlo en las nalgas con la pala.

Adán gemía entre cada golpe hasta que su piel comenzó a enrojecer y los impactos comenzaron a volverse más dolorosos. Su cuerpo serpenteaba en las piernas de Cristina quién parecía sucumbir en un trance y entonces comenzó a sentir palpitaciones húmedas entre sus piernas. Eso excitó más a Cristina y le propinó una fuerte nalga con la palma de su mano.

Adán respiraba con agitación y Cristina le pidió que se parara. Como sospechaba, sus piernas se encontraban llenas de semen. Le pidió a su esclavo que se quitara la venda de los ojos y que se pusiera de rodillas y le ordenó que limpiara sus piernas con la lengua. Adán lamió gustoso su propio semen y cuando terminó, descansó su cabeza en las piernas de Cristina.

-¿Te gustó?- preguntó temerosa
-Me encantó, mi amor. Gracias.- respondió agitado.
Cristina acarició el rostro de Adán y le soltó una cachetada:
-Feliz aniversario, imbécil-